jueves, 12 de noviembre de 2009

HIPATIA DE ALEJANDRÍA

HIPATIA DE ALEJANDRÍA
AUTOR: LUIS DE LA LUNA VALERO
EDITORIAL SUMA DE LETRAS


La mujer que inspiró la película «Agora», de Alejandro Aménabar. Un canto a la libertad, el amor y la amistad Este libro recrea la vida de Hipatia de Alejandría, una figura capital de la antigüedad y protagonista del filme Agora, de Alejandro Amenábar. Estuvo versada en filosofía, matemáticas y astronomía, pero su clase magistral para la historia fueron su sed de vida y de conocimiento, así como el valor y la entereza para defender sus ideales de convivencia y tolerancia. Hipatia fue un espíritu libre, una voz incómoda a causa de la férrea voluntad de llevar una vida plena como mujer sin pedir perdón por ello, aunque debiera pagar por ello el más alto precio: la vida. Antes de que la marea de la intolerancia arrase todo, tenemos ocasión de vislumbrar un fastuoso mundo crepuscular, y por sus páginas cruzan personajes de raza, como el joven príncipe Atila, y se visitan ciudades de ensueño en el esplendor de su apogeo: Constantinopla y Alejandría. Intrigas, pasión y aventuras en el convulso mundo del siglo V. «Había una mujer en Alejandría que se llamaba Hipatia, que logró tales alcances en literatura y ciencia, que sobrepasó en mucho a todos los filósofos de su propio tiempo».

SALIDA AL CINE

El viernes 6 de Noviembre los Clubs de lectura de Arucas y Valleseco hicieron una salida al cine la película elegida fue "Agora" de Alejandro Amenábar.

Unas 25 personas personas pertenecientes a los dos grupos que se reúnen cada quince días en las respectivas bibliotecas de su municipio pudieron disfrutar de una tarde de cine y convivencia.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

ÚLTIMO LIBRO LEIDO POR EL CLUB DE LECTURA

El club de los Viernes









Autor Kate Jacobs

Georgia Walker es ahora una mujer feliz. Pero las cosas no siempre han sido fáciles para ella. Doce años atrás, cuando estaba embarazada, su novio James la abandonó para irse a vivir a Francia. Pero ahora James ha regresado de Francia para conquistar de nuevo a Georgia y ejercer de padre de su hija ya adolescente… Gracias a los consejos de una buena amiga, Georgia es dueña de una bonita tienda de lanas en Nueva York, donde da también clases de punto y donde se ha creado un curioso club. En efecto, cada viernes, se reúne en el local de Georgia un variopinto grupo de mujeres que, a través de su pasión común por el punto, han desarrollado una fuerte amistad. La laboriosa actividad da pie a que cada mujer dé rienda suelta a sus anhelos, sus pasiones y sus angustias.

miércoles, 7 de octubre de 2009

LA VIDA SECRETA DE LOS LIBROS




M. Fernanda G.M.

La vida secreta de los libros
(Quién de los dos ha cambiado)


Siempre he sabido que los libros tenían vida propia.

Desde pequeña me acostumbré a diferenciar entre los que se amontonaban en las estanterías; estaban los nerviosos, tímidos o asustadizos y también aquéllos otros más bravucones, que observaban desde lo alto en actitud retadora.
Pero hace ya algún tiempo que me anda rondando una idea. Una hipótesis literariamente irresistible, y que es ésta: los libros, al igual que nosotros, son capaces de experimentar cambios de humor.

Intentaré explicarme.
Cuando se lee un libro por vez primera, la impresión general que se obtenga determinará el cajón de la mente en el que se ubicará, así como la “calificación”, por llamarlo de alguna manera, que se le asigne. Se confecciona de ese modo una especie de ficha que quedará archivada en el cerebro para futuras consultas. El perfil del libro, por tanto, puede oscilar entre el “bueno”, “mediocre”, “me gustó y no sé por qué” o directamente ir a parar al “menudo peñazo”.

Eso es así.

Pero muchas veces, a lo largo de los años, la vida nos pone ante la relectura de una obra y, hete aquí que casi nunca el resultado coincide con la expectativa. Si uno imaginaba que una segunda lectura de un libro que fue devorado con avaricia nos ofrecerá, si no idéntica sensación, al menos algo que se parezca, suele suceder que al cerrarlo tras la última frase sobreviene una especie de pasmo del que se intenta salir preguntando “¿pero cómo pude tragarme esto y que además me gustara? Debe ser que confundo los recuerdos”.
O lo contrario; un libro que circuló sin pena ni gloria en su día se transmuta en una reveladora y deslumbrante lectura ante la que no cabe sino interrogarse “¿cómo es posible que no me acordara de esta maravilla? Debe ser que confundo los recuerdos”.

Pues no, no se trata de eso, o al menos esa es la conclusión a la que he acabado llegando. Tampoco el origen de la confusión reside totalmente en el hecho de que yo, lectora, haya cambiado durante el tiempo transcurrido –a pesar de mi firme creencia en la progresión/regresión constante a la que se ve sometido el ser humano –lo que se me había pasado por alto es otra cosa; la posibilidad de que fuera él, el propio libro, quien realmente hubiera cambiado.

Ya se apuntaba más arriba que los libros tienen vida propia. Bien, una de las secuelas de esa circunstancia pudiera ser que los libros, determinados libros (no todos, cierto, los hay bastante insípidos, con la misma emoción de una vaca rumiando), evolucionen a lo largo de su existencia y dependiendo del momento en que se los pille muestren una cara u otra. Como los humanos, al fin.
Esa evolución es muy probable que venga determinada por la vida que cada uno ha llevado, por las manos por las que ha pasado y las situaciones que le ha tocado atravesar.

Mi inconmensurable amor por los libros no ha impedido acciones contra ellos rayanas en los malos tratos. No con todos, obviamente; como las personas, de nuevo, hay libros que marcan distancias, con los que uno no se atrevería nunca a según qué cosas.
Adoro los libros, me gusta todo de ellos, su olor, su forma, su roce, su textura… pero eso no me impide subrayarlos sin piedad, utilizarlos como improvisada agenda donde anotar teléfonos y direcciones o despedazar alguna página en determinado momento.
Recuerdo una ocasión en la que, tras la lectura –la primera de muchas –de Rayuela, debí sentirme muy innovadora y creativa yo también y entregándome, como en la novela de Wallace a “algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer” me dediqué a arrancar las hojas de una desamparada novela/mártir de cuyo nombre no guardo memoria a medida que la iba leyendo. Como suele suceder, mientras duró la orgía mutiladora lo pasé en grande pero más tarde, la resaca me dejó un infinito sentimiento de vacío y culpa difícil de sobrellevar.
Ni qué decir tiene que abandoné para siempre mis ínfulas creativo-innovadoras al estilo Cortázar.

Borges escribió una vez que cualquier destino “por largo y complicado que sea” consta en realidad de un solo momento: aquél en el que uno sabe para siempre quién es.
No creo que exista una definición que se adapte mejor al concepto de eternidad.

Entonces, y volviendo otra vez al inicio de este escrito, dada la característica de “vivo” que se podría atribuir a cualquier libro, no es pues una locura pensar que también él se dedique a lo que todo ser vivo viene haciendo a lo largo de su existencia, es decir, buscarse a sí mismo. ¿No cabría entonces la posibilidad de encontrar un libro diferente en función del momento-búsqueda en que éste se halle?

Pues así fue como, llegado este punto, comencé a mirar con ojos distintos los libros que tengo en casa: rezongones, divertidos, pícaros, taimados, aburridos, juiciosos… todos ellos respondiendo a mi mirada de manera cómplice, en ese preciso instante del tiempo.

Me pregunto si usted, lector de este humilde texto en este exacto momento de su vida (la de ambos, la del escrito y la suya propia) encontrará alguna razón que le impida inducir o deducir una mínima posibilidad de éxito al argumento que aquí se expuso.

Porque lo que es yo, no he podido.

lunes, 5 de octubre de 2009

ACRÓSTICO DEDICADO A VALLESECO

Vereditas alegres
Al amor de los
Lomos, con ecos de timple
Lira parrandera
Entre manzanos de
Suave aroma
Estás rodeado de
Campos verdes
Olor a vida, pueblo adoptivo

Un avión me dejó en Las Palmas, después de peregrinar por la isla, una guagua me dejó en Valleseco, féliz momento.
Pueblo tranquilo, de gente amable, de franqueza clara, nunca me he sentido extranjero.
Mientras mis hermanos mueren a veinte metros de la orilla, donde el mar ahoga sus ilusiones y sus vidas, yo he vuelto a nacer en Valleseco.
Trabajo, amigos y pan no me ha faltado, tengo aquí una familia, los Ponce Herrera que Dios los bendiga.
He conocido personajes como Gustavo el negro, aquel honesto y francote que demostraba su afecto con guantazos, me sumo al homenaje en su honor, que el Altísimo lo tenga en su gloria.
Que este pueblo, fluya al mundo, que sus hijos sean numerosos como los granos de maíz.


Fabián Yépez Murillo

lunes, 24 de agosto de 2009

COMETAS EN EL CIELO:AUTOR: Khaled Hossini


Sobre el telón de fondo de un Afganistán respetuoso de sus ricas tradiciones ancestrales, la vida en Kabul durante el invierno de 1975 se desarrolla con toda la intensidad, la pujanza y el colorido de una ciudad confiada en su futuro e ignorante de que se avecina uno de los periodos más cruentos y tenebrosos que han padecido los milenarios pueblos que la habitan. "Cometas en el cielo" es la conmovedora historia de dos padres y dos hijos, de su amistad y de cómo la casualidad puede convertirse en hito inesperado de nuestro destino.Obsesionado por demostrarle a su padre que ya es todo un hombre, Amir se propone ganar la competición anual de cometas de la forma que sea, incluso a costa de su inseparable Hassan, un hazara de clase inferior que ha sido su sirviente y compañero de juegos desde la más tierna infancia. A pesar del fuerte vínculo que los une, después de tantos años de haberse defendido mutuamente de todos los peligros imaginables, Amir se aprovecha de la fidelidad sin límites de su amigo y comete una traición que los separará de forma definitiva. Así, con apenas doce años, el joven Amir recordará durante toda su vida aquellos días en los que perdió uno de los tesoros más preciados del hombre: la amistad.

viernes, 21 de agosto de 2009

Ensayo : “El trabajo del blanco no acaba nunca”

M. Fernanda G.M.

Autor : Guy Rossatanga-Rignault

¿Son los negros perezosos?

En un nuevo ensayo - sin traducción española, por el momento - con elocuente título, Guy Rossatanga-Rignault profundiza en lo que constituye uno de los prejuicios más arraigados entre africanos y occidentales.

Inagotable fuente de clichés, la idea del rechazo tanto al trabajo como al esfuerzo por parte del negro se ha asentado en el ánimo de los occidentales de tal modo que ha dado lugar a una expresión muy utilizada en África: “el trabajo del blanco no acaba nunca”.

La obra de Rossatanga, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad “Omar Bongo” de Libreville, Gabón, plantea una reflexión sobre el concepto de la temporalidad - de sentido lineal para el blanco y cíclico para el africano - y sus consecuencias en el trabajo moderno.
Según esto, si el africano ha llegado a considerar interminable el trabajo del blanco es debido a que se parte de una lógica temporal diferente de aquélla que estructura las sociedades tradicionales africanas. Una percepción fuertemente influida por las condiciones en las que irrumpió la nueva forma de trabajo en África, a saber: la esclavitud tras la colonización.

Para el intelectual gabonés, el trabajo moderno se inscribe en un tiempo lineal, muy diferente del tiempo cíclico existente en la esfera cultural africana en general.
Las lenguas vernáculas así lo demuestran; los laris del Congo y los hutus de Ruanda, por ejemplo, utilizan la misma palabra para hablar de ayer y de mañana. Esta concepción del tiempo se basa esencialmente en la idea de lo sagrado; la existencia humana es concebida como una integración en la naturaleza misma, en donde los ritos se ven marcados por fenómenos cíclicos al estilo de las mareas o las estaciones del año, que reproducen el eterno renacimiento.

Nuestra cultura cristiana, de manera opuesta, ha favorecido desde siempre un punto de vista capitalista de la gestión ligada al trabajo y al tiempo; el tiempo lineal visto como una corriente que fluye inexorablemente río abajo desde su origen, es decir, desde el pasado hacia el futuro.
A este modo de pensamiento se asocia estrechamente la idea de progreso, como explica Guy Rossatanga, “una idea que intuye que la historia tiene un solo sentido, aquél que conduce hacia el porvenir, el desarrollo, la redención, el paraíso o la noche eterna.” En esta acepción, “el tiempo lineal es el de la modernidad occidental”, concluye.

En función de las distintas culturas, el “otro” puede aparecer bien como exaltado o como perezoso. Ya desde sus primeros contactos con Occidente, los africanos percibieron a los blancos como gente permanentemente apresurada, corriendo siempre de aquí para allá y que incluso utilizan la expresión “ganar tiempo”, inconcebible en el universo tradicional africano.

Del otro lado, el negro es apreciado a menudo como un ser lento y apático que nunca tiene prisa; algo que ellos mismos confirman con la expresión: “los blancos tienen reloj, nosotros tenemos el tiempo”.
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Queda por saber si estas dos percepciones son acaso irreconciliables.

“Le travail du Blanc ne finit jamais” lo edita Dianoïa y su precio es de 14´25 €.

viernes, 1 de mayo de 2009

El Club de Lectura participa en la Feria del Libro

El 29 de Abril un grupo de 30 personas de Arucas y Valleseco asistieron a la XXI Feria del Libro en el Parque de San Telmo, actividad organizada por los clubs de lectura de Arucas y Valleseco.Varios integrantes de ambos clubs de lectura hicieron lectura de fragmentos de la obra de la escritora Mercedes Pinto. Tuvieron oportunidad de participar en un taller literario creativo para adultos a cargo de Manuel Abril. Participando también en la presentación de libros así como visitar todos los stan de la Feria.

sábado, 25 de abril de 2009

Una historia de amor y oscuridad de Amos Oz

Amor y oscuridad son dos fuerzas que interaccionan en este libro, una autobiografía en forma de novela, una obra literaria compleja que comprende los orígenes de la familia de Amos Oz, la historia de su infancia y juventud, primero en Jerusalén y después en el kibbutz de Hulda, la trágica existencia de sus padres, una descripción épica del Jerusalén y del Tel Aviv, que es su reverso, entre los años treinta y cincuenta.

martes, 14 de abril de 2009

La elegancia del erizo

El lector que ande enamorado de los libros disfrutará mucho con esta novela. Y el lector ocasional percibirá que la buena literatura puede salvarnos la vida, tanto de la martingala rutinaria como de la obsesión materialista que nos fustiga el alma con su tedio. La sequía espiritual es tan abrasadora que es muy difícil aguantar. Tanto a la portera Renée Michel como a la niña de 12 años -vecina de la casa- llamada Paloma les es muy difícil respirar ese cúmulo de hipocresía social. Todo un engranaje de supercherías que es incapaz de colmar el anhelo de verdadero afecto que buscan las dos.

El inmueble está situado en una zona muy elegante de París, la calle Grenelle 7. Ahí nos encontramos, de entrada, con la susodicha portera. Una mujer de apariencia vulgar, embutida en sus reducidas cuatro paredes. Pasan los vecinos, y pasamos nosotros… Pero nada es lo que parece. Renée es una mujer de aspecto no muy agradable y de genio bastante vivo y poco simpático. Nada hace sospechar su poderosa vida interior. Porque es una privilegiada.

En efecto, todo lo negativo y doloroso, todo su aburrimiento existencial e incomodidad con los demás, ha encontrado su envés en la literatura. En ese rincón tenemos a una lectora que devora libros. En ellos va encontrando sentido y pasión por la vida. Por su propia vida. Ella es la que da título a la novela. Ella es “la elegancia del erizo”. Los pinchos -esa antipatía o “indolencia”- son su defensa, aquello que preserva su alma de la superficial perspectiva que la rodea, y de la que es cada vez más consciente.

Y de ello se da cuenta Paloma, una niña que pese a su edad, percibe esa elegancia, esa vida más plena de Renée. Pero ella no aguanta más, no está dispuesta a soportar por más tiempo la inconsistencia de su familia y esa tremenda soledad. Quiere suicidarse. Y en estas aparecerá un nuevo vecino, un japonés que será como el ángel de la esperanza. Alguien capaz de escuchar, de interesarse por los otros. Alguien a quien no le importa nada lo que puedan decir las comadres del cotilleo. Kakuro Ozu se llama.

Desde ese momento los tres personajes comparten sus confidencias. Sobre la vida y sus lágrimas, sobre la literatura y la belleza, sobre tantas y tantas cosas. Son amigos. Todo esto lo aprovecha muy bien la autora para ir desgranando su personal ajuste de cuentas, de crítica a una sociedad tan injusta como deslenguada y materialista; sus ideas estéticas y gustos literarios, etc. Al final de la novela hay unas páginas deliciosas. Allí leo: “(…) quizá sea eso la vida: mucha desesperación pero también algunos momentos de belleza donde el tiempo ya no es igual”.

En el Club de lectura ha gustado mucho este libro, incluso ha habido componentes que ya lo habían leído y ahora en una segunda lectura han podido sacar muchas más conclusiones que en la primera lectura, la opinión general ha sido que es un libro muy humano, a la vez con un contenido cultural muy alto te habla de literatura, pintura y música.